lunes, 28 de diciembre de 2015

El sueño del celta

adi1323.jpg (311×500)



Martio-Vargas-Llosa-Premio-Nobel-de-Literatura.-Google-Images.jpg (2362×1581)



Mario Vargas Llosa
Editorial Alfaguara, 2010.


Mario Vargas Llosa hace fácil la difícil tarea de novelar la realidad. Una rápida comparación entre El sueño del celta y otros intentos parecidos como Un día de cólera de Arturo Pérez Reverte, convierten a esta última estupenda novela en rígida y encorsetada, en contraste con la ligereza y agilidad de la primera. MVLL Combina con asombrosa naturalidad los hechos históricos, los datos verificables, nombres, lugares, fechas, con la invención de sentimientos, amistades, fobias, sueños personales, que permiten al autor no sólo perfilar y dar a conocer al lector los distintos personajes, sino también inducir emociones que lleven a la creación de uniones afectivas entre el lector y el personaje de su obra. La presencia de estos vínculos afectivos son los que consiguen que esta obra traspase los límites de una biografía novelada y se transforme en una auténtica novela. Si no conoces de antemano al personaje, el cónsul británico Roger Casament, ni los hechos que le rodean, denuncias de las crueldades cometidas en la extracciones de caucho del Congo y de la Amazonía, así como su implicación en el Alzamiento de Pascua de los nacionalistas irlandeses, disfrutas del libro como si fuera una historia imaginada más. Pero aunque busques información sobre las personas y sobre los hechos relatados en el libro, no puedes evitar preguntarte constantemente, pero ¿estos personajes tan reales, tan tangibles, existieron de verdad?
El libro empieza y termina en el mismo sitio: en la prisión de Pentonville, donde el protagonista estuvo recluido la mayor parte de esos meses que transcurrieron desde su captura hasta su ejecución en la horca. Mientras tanto, él va recordando aspectos de su vida pasada, como flash-backs de una película. Leo en una web que para poder narrar los acontecimientos que Roger Casament no participa, pero que son necesarios para centrar la trama, MVLL recurre a los diálogos entre Roger y las escasas visitas que recibe en la prisión. En la misma web aparece el siguiente comentario:
The Dream of the Celt succeeds at educating its readers about the worlds in which
Sir Roger Casement lived his successive lives but not about his successive personalities.
No puedo estar más en desacuerdo. Si de algo he disfrutado de este libro ha sido del descubrimiento paulatino de la complicada personalidad de Roger Casament. Un descubrimiento hecho contradicción a contradicción, hasta no dejar sin investigar ninguna arista de su carácter. Así, a medida que pasan las páginas, vamos viendo como el protagonista pasa de ser un héroe quijotesco, peleando por nobles ideales, a convertirse en un fanático nacionalista en cuyas decisiones se mezclan a partes iguales la valentía y la estupidez. En medio, vertebrando todas estas transformaciones, sus ocultas inclinaciones homosexuales, reflejadas, al parecer, en un diario que el Gobierno Británico esgrimió durante su juicio para desacreditarlo. Y lo hizo con tanto éxito que su nombre ha estado olvidado en el panteón de los mártires nacionalistas irlandeses hasta hace pocos años.
En relación con los controvertidos diarios, MVLL comenta en el epílogo que
"mi propia opinión -la de un novelista, claro está- es que Roger Casement escribió esos famosos
diarios pero no los vivió, no por lo menos íntegramente, que hay en ellos mucho de exageración
y ficción, que escribió ciertas cosas porque hubiera querido pero no pudo vivirlas".
La contradicción es un tema recurrente a lo largo de toda la obra: el protagonista un afamado diplomático, nombrado sir, encarcelado y ajusticiado por traidor; los colonizadores europeos que iban a llevar la civilización al África, la aniquila por codicia; Herbert, el amigo del protagonista, racional antinacionalista se vuelve patriota durante la Gran Guerra; Roger, un protestante, unido a nacionalistas católicos; los rebeldes irlandeses combatiendo contra otros irlandeses a los que decían defender y liberar. Hay una última contradicción más que se escapa al ámbito del libro, pero que está muy relacionado con él: la guerra civil entre irlandeses que se desencadenó nada más independizarse de Gran Bretaña y en la que el recién estrenado Gobierno Irlandés contó con el apoyo del Gobierno Británico. Irlandeses matando a otros irlandeses gracias a los ingleses. Toda una paradoja. De hecho, a mi entender, éste es en realidad el tema de la novela, la contradicción como señal, como prueba, de que una vida es auténtica y real. Si algo se nos presenta como puro, lineal, es falso, es una idealización, no una situación real.
p 355¡ Por más que uno fuera precavido y planeara sus acciones con la mayor lucidez, la vida, más compleja que todos los cálculos, hacía estallar los esquemas y los reemplazaba por situaciones inciertas y contradictorias.
p 355: Y él aquí, en una cárcel inglesa /.../ ¿No hubiera sido mejor morir allá, con esos poetas y místicos, pegando y recibiendo tiros? Su muerte habría tenido un sentido rotundo, en vez de lo equívoco que sería morir en la horca, como un delincuente común.


Uno de los aspectos que más me hacen disfrutar de los libros, tanto de las novelas como los de no ficción, cuando ocurre, es la erupción de una intensa curiosidad que me lanza inexorablemente a buscar más información fuera de la obra. Y esa búsqueda suele ser tan caótica que me arrastra, sin voluntad, como los rápidos de un río, dando saltos de un sitio a otro y me distrae, a veces, durante días y semanas, de la lectura del libro. En este caso los desencadenantes fueron las andanzas de Roger por el Congo belga, un país cuya misma existencia me había causado perplejidad desde niño; la fiebre del caucho, una de esas muchas situaciones de gran relevancia a nivel mundial en el momento que sucedieron y que el tiempo ha borrado totalmente de los libros de historia; y el nacionalismo irlandés, fuente de alguna de mis muchas contradicciones propias. Si esa curiosidad no surge, señal de que el libro no me llena demasiado.
Otra fuente de interés ha sido descubrir la rica vida intelectual que Roger Casement tuvo la suerte de disfrutar durante su corta y azarosa existencia: Alice Stopford Green, historiadora; Herbert Ward, escultor; E.D. Morel, periodista, colaboró con Roger en denunciar la esclavitud en el Congo Belga; el marino mercante polaco Konrad Korzeniowski, más tarde uno de los más famosos escritores en lengua inglesa con el nombre de Joseph Conrad, autor, entre otras, de la estupenda novela El corazón de las tinieblas, una crónica desgarrada sobre el laberinto humano de la colonización europea en territorio africano basada en el viaje que realizó con Roger por el Congo; Arthur Conan Doyle; Bernard Shaw...


Mi colección de citas:
p 238-239 El 16 de octubre de 1910 /.../ Roger Casement anotó en su diario una idea que había ido tomando cuerpo en su cabeza desde que desembarcó en Iquitos: “He llegado a la convicción absoluta de que la única manera como los indígenas del Putumayo pueden salir de la miserable condición a la que han sido reducidos es alzándose en armas contra sus amos. Es una ilusión desprovista de toda realidad creer, como Juan Tizón, que esta situación cambiará cuando llegué aquí el Estado peruano y haya autoridades /.../  En esta sociedad el Estado es parte inseparable de la máquina de explotación y de exterminio. Los indígenas no deben esperar nada de semejantes instituciones. /.../ Los irlandeses somo como los huitotos, los boras, los andoques y los muinanes del Putumayo. Colonizados, explotados y condenados a serlo siempre si seguimos confiando en las leyes, las instituciones y los Gobiernos de Inglaterra, para alcanzar la libertad. Nunca nos la darán. ¿Por qué lo haría el Imperio que nos coloniza si no siente una presión irresistible que le obligue a hacerlo? Esa presión sólo puede venir de las armas”.
p 263. Sería una experiencia lustral pasar un par de días con esa pareja amiga [Herbert Ward y Sarita, su mujer], culta, en su hermoso estudio [de París] repleto de esculturas y recuerdos africanos, hablando de cosas bellas y elevadas, arte, libros, teatro, música, lo mejor que había producido ese contradictorio ser humano que era también capaz de tanta maldad como la que reinaba en las caucherías de Julio C. Arana en el Putumayo.
p 298! -La  maldad la llevamos en el alma, mi amigo -decía, medio en broma, medio en serio-. No nos libraremos de ella tan fácilmente. En los países europeos y en el mío está más disimulada, sólo se manifiesta a plena luz cuando hay una guerra, una revolución, un motín. Necesita pretextos para hacerse pública y colectiva. En la Amazonía, en cambio, puede mostrarse a cara descubierta y perpetrar las peores monstruosidades sin las justificaciones del patriotismo o la religión. Sólo la codicia pura y dura. La maldad que nos emponzoña está en todas partes donde hay seres humanos, con las raíces bien hundidas en nuestros corazones.
p 301! Lo entristecía saber que nunca tendría un hogar como el de los De Mata, que su vida sería cada vez más solitaria a medida que envejeciera. /.../ Se moriría sin haber saboreado esa intimidad cálida, /.../ sin hijos que prolongaran su nombre y su recuerdo cuando se fuera de este mundo. [Ni falta que le hizo, ha tenido la suerte de lograr que un escritor tan bueno como Mario Vargas Llosa se fijara en su historia y la novelara de esta maravillosa manera].
p 345¡: Herbert Ward fue una de las escasas personas a quien Roger confió su decepción con Stanley, con Leopoldo II, con la idea que los trajo a África; que el Imperio y la colonización abrirían a los africanos el camino de modernización y el progreso. Herbert coincidió totalmente con él, al comprobar que la verdadera razón de la presencia de los europeos en el África no era ayudar al africano a salir del paganismo y la barbarie, sino explotarlo con una codicia que no conocía límites para el abuso y la crueldad.
p 345¡ Pero Herbert Ward nunca tomó muy en serio la progresiva conversión de Roger a la ideología nacionalista [irlandesa]. Solía burlarse de él, a la manera cariñosa que le era propia, alertándolo contra el patriotismo de oropel -banderas, himnos, uniformes [símbolos tan toscos y simples y, sin embargo, tan poderosos]- que, le decía, representaba siempre, a la corta o a la larga, un retroceso hacia el provincialismo, el espíritu de campanario y la distorsión de los valores universales. Sin embargo, ese ciudadano del mundo, como Herbert gustaba llamarse, ante la violencia desmesurada de la guerra mundial había reaccionado refugiándose también en el patriotismo como tantos millones de europeos.
p 353! Sin embargo, no todo había sido entusiasmo, solidaridad y heroísmo entre la población civil de Dublín durante la semana de combates. El monje capuchino fue testigo de pillajes en las tiendas y almacenes de Sackville Street y otras calles del centro, cometidos por vagabundos, pícaros o simplemente miserables venidos de los barrios marginales vecinos, lo que puso en una situación difícil a los dirigentes del IRB, los Voluntarios y el Ejército del Pueblo que no habían previsto esta deriva delictuosa de la rebelión. En algunos casos, los rebeldes trataron de impedir los saqueos a los hoteles, incluso con disparos al aire para ahuyentar a los saqueadores que devastaban el Gresham Hotel, pero, en otros, los dejaron hacer, confundidos por la manera como esa gente humilde, hambrienta, por cuyos intereses creían estar luchando, se les enfrentaba con furia para que la dejaran desvalijar las tiendas elegantes de la ciudad.
No sólo los ladrones se enfrentaron a los rebeldes en las calles de Dublín. También muchas madres, esposas, hermanas e hijas de los policías y soldados a los que los alzados habían atacado, herido o matado durante el Alzamiento /.../ Ésa había sido la prueba más difícil para quienes creían tener de su parte la justicia, el bien y la verdad: descubrir que quienes se les enfrentaban no eran los perros de presa del Imperio, los soldados del Ejército de ocupación, sino humildes irlandesas, cegadas por el sufrimiento, que no veían en ellos a los libertadores de la patria, sino a los asesinos de los seres queridos, de esos irlandeses como ellos cuyo único delito era ser humildes y hacer el oficio de soldado o policía con que se ganaban siempre la vida los pobres de este mundo.
p  365: Tal vez Patrick Pearse, Joseph Plunkett y los otros tuvieran razón. No se trataba de ganar sino de resistir lo más posible. De inmolarse, como los mártires cristianos de los tiempos heroicos /.../ La sangre derramada por los Voluntarios fructificaría también, abriría los ojos de los ciegos y ganaría la libertad para Irlanda.
p 390: Patrick Pearse sostenía que si no se recuperaba la lengua celta, la independencia sería inútil, pues Irlanda seguiría siendo culturalmente una posesión colonial. Su intolerancia en este dominio era absoluta.
“No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió”
P 395¡ Sus discursos comenzaban serenos (“Soy un protestante del Ulster que defiende la soberanía y la liberación de Irlanda del yugo colonial inglés”) pero, a medida que avanzaba, se iba exaltando y solía terminar en arrebatos épicos. Arrancaba casi siempre atronadores aplausos en el auditorio.
p 395: [Roger] era uno de los dirigentes más empeñados en dotar al movimiento de un armamento capaz de apoyar de manera efectiva la lucha por la soberanía /.../ Varias veces fue enviado a Londres. Funcionaba allí un comité clandestino, presidido por Alice Stopford Green, que, además de recolectar dinero, gestionaba en Inglaterra y varios países europeos la compra secreta de [armamento] que introducía ilegalmente en Irlanda.
p 404! trabajó día y noche, escribiendo artículos y cartas, pronunciando charlas y discursos en los que, con insistencia maniática, acusaba a Inglaterra de ser causante de esta catástrofe europea y urgía a los irlandeses a no ceder a los cantos de sirena de John Redmond, que hacía campaña para que [los irlandeses] se enrolaran [en el ejército británico para luchar contra el Káiser]. El Gobierno liberal inglés hizo aprobar la Autonomía en el Parlamento, pero suspendió su vigencia hasta el fin de la guerra. La división de los Voluntarios fue inevitable: /.../ más de 50.000 Voluntarios lo siguieron [a John Redmond], en tanto que apenas once mil continuaron con Eoin MacNeill y Patrick Pearse.

martes, 18 de agosto de 2015

Rebelión en la granja

 

George Orwell
Ediciones Destino, 1978

¡Quién pillara un autor como él en nuestro siglo! ¡Qué lujo! Un defensor a ultranza de la libertad de expresión que se atrevió a escribir y a intentar publicar una obra en la que se desnuda al emperador ideológico de la época, Stalin, en un momento en que su ayuda, como aliado de Inglaterra, era vital para la supervivencia de su país frente a los ejércitos nazis. Ni siquiera esta tesitura, la propia supervivencia, le supuso un obstáculo interno para decir lo que pensaba que había que decir en ese momento y que el resto de intelectuales de izquierdas se callaba o no quería ver. A saber, que la URSS era una dictadura cruel, donde se asesinaba a la disidentes, donde la mayor marte de sus habitantes pasaban hambre y penurias en nombre de una rebelión que en realidad sólo estaba al servicio de una casta de oligarcas sin escrúpulos que vivían rodeados de todo lujo.
En vez de escribir un ácido artículo periodístico se inventó una satírica novelita, ligera, casi para niños, donde se parodia sin perdón todas las mentiras, contradicciones y atrocidades del régimen comunista ruso.
El argumento es de sobras conocido: los animales de un granja inglesa se rebelan, expulsan a su cruel dueño y deciden ser dueños de su propio destino y llevar ellos solos la granja. Un sueño igualitario donde todos los animales colaboran y donde se eliminan los vicios humanos: los animales no son como los humanos, son mejores. Elaboran una ideología llamada Animalismo, escriben en una de las paredes del granero un listado con sus principales principios, eligen un himno, diseñan una bandera... Las diversas vicisitudes que sufre tan heroica rebelión son metáforas que calcan los sucesos de la rebelión bolchevique: defenestración de Trotski, purgas de Stalin, la corrupción del Partido Comunista...
Aunque el argumento es una crítica directa al stalinismo, no creo que su valor sea tan restrictivo, y para mí es un ejemplo contra todas las dictaduras, contra todas las utopías y rebeliones que terminan por derrocar a un tirano para simplemente imponer otro. La receta del autor para luchar contra ellas es simple: libertad de expresión. A ultranza. Sin medias tintas. Sin peros. Sin excepciones. Es la única respuesta frente a las mentiras de todos los que quieren manipular a la hoy llamada opinión pública. Y esa libertad de expresión necesita cauces, libros, radios, TVs, periódicos de todo tipo y no periodistas reclutados por los partidos de turno que no van más allá de las consignas monótonas de los políticos, que no son capaces de realizar el más mínimo ejercicio de crítica hacia sus propias posiciones ideológicas. Periodistas de pesebre, bien alimentados por sus amos.

"En este país, la cobardía intelectual es el peor enemigo al que han de hacer frente periodistas y escritores en general. /.../ El hecho más lamentable en relación con la censura literaria en nuestro país ha sido principalmente de carácter voluntario. Las ideas impopulares pueden silenciarse y los hechos desagradables ocultarse sin necesidad de ninguna prohibición oficial /.../, sino porque existe un acuerdo general y tácito sobre ciertos hechos que "no deben" mencionarse. Esto es fácil de entender mientras la prensa siga tal como está: muy centralizada y propiedad, en su mayor parte, de unos pocos hombres adinerados que tienen muchos motivos para no ser demasiado honestos al tratar ciertos temas importantes."
"Su origen está claro: en un momento dado se crea una ortodoxia, una serie de ideas que son asumidas por las personas bienpensantes y aceptadas sin discusión alguna. No es que se prohíba concretamente decir "esto" o "aquello", es que "no está bien" decirlas."

A most wanted man



John le Carré
Ed. Simon&Schuster, 2008

First book by John le Carré I have ever read, so I knew almost nothing about his style and thus it got me in surprise. I expected a classic spy plot, a short novel plenty of mystery and full of abrupt twists. Therefore I was not shocked by the smell of something known, of something already read before the first chapters spread. This feeling was reinforced by the tricky title of the book that suggested that it was all about a young mysterious, enigmatic, ragged, chechenian, skinny and allegedly muslim worshipper, Issa, that sneaks into Hamburg. All of this remind me of Ken Foller’s bestseller The key to Rebecca, where a nazy spy managed to enter Cairo during WWII and an english counterintelligence official began to look for him.
So it seemed to me that the book was almost finished from its very beginning. I could not be more wrong. Soon Issa’s presence in this town disrupts the otherwise unlikely linked lives of very different people: Melik, young turkish boxing champion, and Leyla, his recently widowed mother, who give Issa shelter despite the suspicions of Melik; Tommy Brue, president of Brue Frères PLC bank, who is demanded to issue him the generous inheritance his father, a heartless russian Colonel, achieved after a long life of stealing, murdering and raping innocent chechenians and then have it laundered at Frères by Tommy’s father on hidden accounts knicknamed Lizipanners after the Spanish riding school horses at Vienna; Annabel Ritcher, a young and idealistic lawyer of Sanctuary North, a charitable christian foundation for protecting displaced people, and personal counsel of the lean russian refugee, who helps him claiming the money from Tommy Brue; and finally, Günther Bachman, an old sharp german spy with no academic qualification, but nevertheless largely skilled by the time expended in a big deal of missions all over the world, and his team (Erna Frey, his faithfull assistant, Maximiliam, stammerer hacker and Niki, Maximiliam’s girlfriend from audio section). Any of this people see Issa’s from their own biased point of view and thus treat him accordance to it: as a poor muslism, a doubtful client, a wrecked refugee or a internationally watched chechenian terrorist. And without one noticing it, the author subtlety changes completely the point of the novel: the story is no longer about a plain seek of a suspect but about a sharp criticism to modern world’s picture. A narrative where uncertainties, suspicions, fear to the extranger, specially if it is poor and muslim, governments control of everyone’s privacy, joined to a marked inefficiency of their intelligence services to catch up terrorist group’s way of doing, leave few room to optimism, idealism and well-meaning.
A dark painting, like a Goya’s work, where the author gives few clues to the reader, where the main characters are not deeply drawn, just a few brush strokes and the reader has to fill the gaps left. As long as I have read about le Carré, this seems to be his trademark, his style.

As an english learner I have found the plot of the book easy to follow, but I feel I have not fully understood the nuances all critics praise about.  



viernes, 31 de julio de 2015

Cometas en el cielo


Khaled Hosseini
Ed. Salamandra, 2003

La ola de calor que nos ha achicharrado durante el final de junio y mediados de julio, ha ayudado a trasladarme mentalmente sin problemas de imaginación a los escombros secos y polvorientos del Afganistán que relata la novela.
La novela discurre por la vida del protagonista durante 3 épocas: su niñez acomodada en el Kabul anterior a la invasión rusa, su vida como inmigrante afgano en la bahía de san francisco con su anciano y enfermo padre y su regreso a Afganistán para rescatar al hijo de su mejor amigo.
La prosa del autor goza no sólo de un gran poder evocador, especialmente en cuanto a los paisajes y costumbres afganos, sino también de una enorme capacidad de emocionar, por el realismo y la sensibilidad de los sentimientos retratados: la afición a escribir del protagonista, Amir; los celos infantiles hacia su mejor amigo, el criado hazara Hassan, y las humillaciones gratuitas a las que le somete de vez en cuando para sentirse superior; su cruel y cobarde traición a Hassan; el orgullo de los viejos inmigrantes afganos en California o la brutalidad ignorante y fanática de los talibanes. La novela se mueve con gran acierto entre una nostalgia algo noña y una realidad pobre, polvorienta y a veces sangrienta, entre la infancia y la madurez del protagonista. Y en este preciso equilibrio hay una escena que chirría por su falta de verosimilitud: el rescate de Sohrab de la fortaleza del malo malísimo Assef. Un personaje fallido, plano, un malo clásico, malo por los cuatro costados, como los malos de negro de las películas del oeste, sin fisuras, sin arrepentimientos, sin signos de piedad. Un malo de estos tiempos, fanático, sin capacidad de empatía, a la espera de que cualquier período revuelto le permita servirse de su patológica crueldad para escalar escalafones de poder y usar ese poder para satisfacer su necesidad de dominar, de humillar, de provocar dolor.
Un novelón, nadie diría que es la primera obra del autor, que, desgraciadamente, ha sufrido mi característica dejadez y cuya lectura se ha extendido enormemente en el tiempo, pero que la he llevado a cabo, en realidad, en dos tacadas de un par de días cada una. Eso sí, con una separación de meses y de toneladas de excusas entre ellas.

Algunas citas
p 208 Inevitablemente la conversación desembocó en el tema del moviemiento talibán.
-¿Es tan malo como dicen? -inquerí.
-No, es peor. Mucho peor. No te permiten ser humano.
p 210 -Cuando los talibanes aplastaron y expulsaron de Kabul a la Alianza bailé literalmente en la calle /.../
-Eran héroes -concluyó Rahim Kan.
-Paz, por fin /.../ Pero, ¿a qué precio?
p222 ↓ en 1988, [los talibanes] masacraron a los hazaras de Mazar-i-Sharif.
p 238 : Como afgano que soy sabía que era mejor ser mentiroso que descortés.
p 268 : -La gente importante vive ahora aquí.
-¿Los talibanes?
-También ellos -dijo Farid.
-¿Quién más?
--Los que están detrás de los talibanes. Los auténticos cerebros de este gobierno, si quieres llamarlo así: árabes, chechenos, pakistaníes.
p 350 : Así es como los niños superan el terror. Caen dormidos.
p 368 ↓ … me pregunté si el perdón se manifestaría de esa manera, sin la fanfarria de la revelación, si simplemente el dolor recogería sus cosas, haría las maletas y se esfumaría sin decir nada en mitad de la noche.
p 369 ↓ Mientras tú estás tan ocupada tejiendo jerséis, querida, a mí me toca lidiar con la percepción que la comunidad tiene de nuestra familia.
p 370 : Sería erróneo decir que Sohrab era tranquilo. Tranquilidad es paz, calma, bajar el “volumen” de la vida.
El silencio es pulsar el botón de “off”. Apagarlo. Todo.
El silencio de Sohrab /.../ era el silencio de quien se ha refugiado en un escondrijo oscuro, de quien se ha hecho un ovillo y se ha ocultado.

El Rojo



Bernhard Kegel
Ed. Planeta, 2009

Me encontré con este libro gracias a la compañera que se encarga de la biblioteca de mi instituto. La verdad es que no las tenía todas conmigo al principio, ¿una novela de biología?, a pesar de que soy profesor de Ciencias naturales. Y de hecho el libro se quedó unos cuantos días en la mesa sin decidirme a abrirlo. Al final la vergüenza de que se terminaran las vacaciones y tuviera que devolver el libro sin leerlo me empujó definitivamente a empezarlo. Empezarlo y quedarme atrapado en él fue todo uno, a pesar del escaso interés que despierta el personaje principal, Hermann Pauli, profesor alemán experto en calamares. Ya no es sólo que el tema de su investigación sea poco atractivo, cuando se piensa en zoólogos la gente se imagina enseguida ballenas o leones, pero, ¿calamares?, ¿qué puede haber de interés en esos bichos blandos y amorfos?, sino sobre todo por su carácter pusilánime, derrotista y apagado. Tras enviudar se marcha de vacaciones a Nueva Zelanda, un lugar que ya visitó en el pasado con su mujer. Mientras se encuentra en un pueblo costero llamado Kaikoura, Nueva Zelanda, famoso entre los turistas por el negocio de avistamiento de ballenas, es testigo de un gran desastre natural: un enorme corrimiento de tierras en el lecho submarino provoca la muerte de un gran parte de la fauna marina del lugar y la aparición de un enorme calamar rojo que va a atraer por igual el interés científico y el miedo de los habitantes.
Por muy interesante que sea la trama, lo que realmente me atrajo del libro fueron los paisajes submarinos de las islas, tanto los descritos en la obra como los que la curiosidad me llevó a buscar en internet. Nueva Zelanda se encuentra en el límite de dos placas tectónicas que están chocando: al norte de las islas es la placa pacífica la que se hunde, subduce, y al sur es la placa australiana. Al hundirse las placas se doblan y dejan grandes huecos que forman las fosas abisales. Nueva Zelanda tiene varias fosas y cañones submarinos de enorme profundidad donde viven grandes calamares de los que se alimentan los cachalotes cuyo avistamiento constituye el principal atractivo turístico de la zona.
No puedo decir que todos los libros consigan despertar esa curiosidad mientras los leo.

miércoles, 1 de abril de 2015

Secretos en el techo del mundo



El autor en la presentación de su libro en el club Montañeros de Aragón,
del que somos ambos socios

Daniel Zaragoza
Círculo rojo, 2015

Segundo libro del autor y amigo, Daniel Zaragoza, que continúa con su proyecto vital de realizar 3 viajes y escribir un libro después de cada uno. Los viajes le sirven de inspiración y de documentación y ambientación de sus historias. La primera, Lo que el mar no se lleva, se basó en el devastador tsunami que arrasó Tailandia en 2004 y la escribió en su mayor parte durante un viaje que realizó a ese país. El segundo viaje fue el año pasado a la India y Nepal y el resultado literario de él es una entretenida historia de dos jóvenes novicios en el remoto, al menos visto desde las riberas del Ebro, monasterio budista nepalí de Thyangboché. La forma de vida del propio autor, resumida en su frase "la vida es para los valientes" y que en él se ha traducido en abandonar su antiguo trabajo, dedicarse a escribir, viajar sin rumbo fijo y vender sus novelas allá donde esté, impregna toda la obra. El otro puntal es la religión budista, y más ampliamente todo lo que en occidente le solemos asociar, meditación, yoga, espiritualismo, orientalismo... , y las injusticias derivadas de la invasión china del Tibet en 1950. 
Nada de todo esto es lo que me atrajo de su libro, reconozco que la serie televisiva House me hizo mucho daño, sino la historia. Desde mi punto de vista, el autor es un genial contador de historias. Sus personajes, en este caso Jamini y Tenzing y el resto de monjes del monasterio, me atraparon desde el primer momento, no por identificarme con ellos, sino por las historias que les suceden, la prueba de selección para entrar al templo, el pasado de Jamini que le encuentra por mucho que se intenta esconder de él, el viaje al monasterio tibetano donde vive el Dalai Lama... Y lo que me parece ya de nota es la forma en que consigue encajar la ficción de la novela con los hechos históricos, como el sueño de Tenzing de coronar el Everest o la ayuda de Jamini a los refugiados tibetanos desplazados en la India, y además cerrar sus novelas de una forma elegante. Cada vez más elegantemente.
No me queda más que esperar a que se embarque en su siguiente viaje y nos traiga de vuelta una nueva y atractiva historia.

sábado, 6 de diciembre de 2014

La vida y la época de Juana la Loca



José Luis Olaizola
Ed. Planeta, 1998

Termino de releer este libro, que ya leí por primera vez durante un viaje de intercambio con un instituto de Holanda hace 5 años, interesado por el final de la 3ª y última temporada de la estupenda serie de televisión "Isabel". Y he podido comprobar cómo buena parte de las anécdotas que narran en la ficción, el ataque a una dama de su corte con unas tijeras, los ataques de celos, etc., coinciden en gran medida con las que el autor cuenta en su relato novelado de la vida de esta reina infeliz. El autor da un aire antiguo a su historia tomando prestados estilos, vocablos y formas de escribir similares a las de los cronistas de la época. Sin embargo, ni esta recreación ficticia y un poco amanerada, ni sus escasas licencias literarias, enturbian la precisión de los datos históricos que quedan reflejados en esta entretenida y corta obra, muchos de los cuales desconocía totalmente. 
Mis recuerdos de las clases de historia del instituto sobre esta época eran escasos y difusos. La impresión es que nada importante ocurrió en esos años y que la sucesión del reino de los Reyes Católicos en manos de Carlos V fue un hecho natural y obvio. Recuerdo con sorpresa cuando turisteando un verano por Castilla nos topamos en la maravillosa iglesia del Real Monasterio de Santo Tomás de Ávila con el precioso sacófago de Juan de Aragón, el único hijo varón de los Reyes Católicos, obra de Domenico Fancelli (la tumba fue profanada durante la Guerra de Independencia y se desconoce el paradero del cuerpo). Ni siquiera recordaba que los Reyes Católicos hubieran tenido más hijos y mucho menos un varón. Las preguntas surgieron de manera obvia, ¿entonces por qué no heredó él el trono? Gracias, primero a la serie televisiva y después a la lectura de varios libros, entre ellos este que nos ocupa, me fui enterando de la serie de infortunios, muertes, abortos, que fueron acaeciendo a los distintos herederos al trono español hasta llegar a Juan I de España. Y con ella la llegada al trono de un extranjero, Felipe I, vasallo del archienemigo rey francés. 
Olaizola se recrea tanto en las leyendas de amor y desvarío, como en la refutación de muchas de ellas (como la procesión por toda Castilla con el cadáver de su difunto marido que los románticos se encargaron de publicitar). Y en medio de esta continua oscilación pendular nos recrea las cortes castellana y flamenca, la esmerada educación de Juana, la presión a la que fue sometida en el momento que se confirmó como heredera de sus padres, tanto por ellos, como por su esposo, la reclusión en el castillo de Tordesillas y el levantamiento comunero. En los años de su larga vida se sucedieron los reinados de sus padres, los Reyes Católicos, el de su hijo el Emperador Carlos V y el comienzo del de su nieto Felipe II, al que nunca conoció. Material más que suficiente para un libro.